LOBA

Hace seis años, Elisa Miralles quiso asomarse a un volcán siguiendo la leyenda del filósofo griego Empédocles, el formulador de los cuatro elementos, pero la imposibilidad de llegar hasta el Etna desde el pueblo siciliano en que se encontraba determinó un giro de guión en el proyecto que prosigue desde entonces, y que en mi opinión no giró tanto. La historia del pueblo se fundaba en leyendas licántropas, y Miralles se fue a la caza del hombre-lobo, una búsqueda fotográfica, especular, que la ha llevado a descubrir y reflejar su propia ferocidad como mujer en un universo elemental, hecho de agua, piel y fuego.
Las fauces del lobo, al igual que los cráteres de los volcanes, simbolizan la entrada en el reino de las sombras. El lobo es un animal peligroso, infernal. La loba, sin embargo, asociada al mito fundacional romano, se vincula con la fecundidad en el mejor de los casos, con la depredación sexual en otros (lupa, lat. prostituta).

María Santoyo

“Con el tiempo, el hombre dejó de ser hombre para pasar a ser mujer. Era la mujer loba, que representaba la conexión con nuestro instinto más profundo, el que siempre ha estado contenido y dominado por la cultura, la religión y las convenciones sociales grabadas en nuestro ADN desde que nacemos. Vivimos dentro de una membrana o segunda piel que contiene nuestra parte más animal. Quiero despertar ese instinto, liberar la ira y el deseo. Experimentar la metamorfosis de la mujer en bestia, abrazar esa sombra, derribar los tabúes, conectar con lo sensorial y lo orgánico para ceder espacio al cuerpo y superar la vergüenza y los juicios externos.”

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