Decía Deleuze que lo que impide que la vida discurra es el lenguaje y el juicio moral. Nuestro lenguaje es el del ser, la identidad, el lenguaje de los contornos fijos. Pero el Arte es capaz de expresar relaciones más allá del lenguaje para poder comunicarnos de otra manera, se abre a lo que atraviesa, a lo que cambia, al dejarse contagiar. En el contagio hay fusión y la posibilidad de que surja algo nuevo.
Definir un cuerpo por su pertenencia a una especie es limitarlo, pero podemos hablar de los afectos de los que es capaz y de los límites móviles de su territorio. Podemos saber lo que puede un cuerpo a través de su experiencia.
Me obsesiona la idea de interpretar la potencia del cuerpo en su devenir, en su capacidad de transformación, en su resistencia y su entrega. No se trata solo de representar cuerpos, sino de dejar que las imágenes sean el espacio donde ellos se desplieguen, donde puedan hacer visible su fuerza, su fragilidad, su capacidad de ficcionar y reinventarse.
Cada imagen es un umbral, una zona de pasaje desde la que explorar la relación entre cuerpo e identidad. El cuerpo es un territorio mutable que se reconfigura en cada encuentro, en cada experiencia, en cada límite traspasado.
Me interesa confrontar distintas materialidades, generar volúmenes, imprimir y re-fotografiar, interviniendo la representación primera, para desafiar las categorías rígidas y abrir la posibilidad de nuevos relatos en torno al cuerpo. La desnudez se representa como un espacio de autoconocimiento, un gesto de resistencia y una afirmación de la potencia del cuerpo entre lo íntimo y lo político, entre la carne y su representación.
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